Una partida en solitario se lanza con un clic, desde el navegador, sin crear una cuenta ni instalar nada. Es la forma más rápida de descubrir el juego: eliges el nivel de los adversarios y la mesa está lista.
Hay cuatro niveles. El Principiante juega por instinto: detecta las buenas cartas, pero se deja llevar por la corriente. El Intermedio cuenta sus puntos, vigila las columnas y sabe cuándo más vale no sumergirse. El Experto y el Maestro simulan cientos de finales de ronda antes de cada jugada; rara vez se equivocan por un punto.
La partida transcurre por completo en tu navegador: ningún intercambio con el servidor, por lo tanto ninguna latencia, y nada que dependa de la calidad de tu conexión una vez cargada la página.
Por eso mismo una partida en solitario no da experiencia, ni perlas, ni insignias: una partida jugada en el navegador puede modificarla quien la juega, y contabilizarla equivaldría a dejar que cada cual se adjudique lo que quiera. Para progresar, abre una mesa en línea y complétala con robots: mismos adversarios, misma partida, pero arbitrada por el servidor.